Ciego porque no veo más allá de lo que me muestran las vocales consonantemente entrelazadas en blanco y negro.
Ciego en la angustia recién estrenada que deja el quicio de la puerta entreabierta.
Ciego cuando la soledad me arropa… y el murmullo del pasillo acaricia mis oídos.
Miope crónico por no ver dos palmos más lejos de tu rostro.