martes, 30 de junio de 2020

Nada más que cambia una palabra

La última vez no fue la del remate, y en lo que algunos días después conseguía una buena ensalada de pastel de carne murciano con sesos, ahora sólo hay bombillas fundidas, dejó de ser divertida la eterna espera y la persecución con el depósito lleno.
   
Mi tiempo junto a su puedes entrar por el quicio no me dicta palabras posibles para frases increíbles, y no por buenas, si no por lo difícil de escribir primero y creer después.

Son mucho más de verdad todas la veces en las que miro al suelo sin consuelo con todo borroso y arranco a andar como si no conociera el camino, es de risa esto último, sé perfectamente donde finaliza la calzada y veo cada uno de los desvíos.

Tomo aire y piso el piso, inhumano y severo como nunca lo había notado, escogería no marcar cada uno de los pasos a partir de este chasco en el barro de mi diario.... claro, y para ello lo escribo. 

jueves, 25 de junio de 2020

Una cita de citas

Me pudo decir algo sobre la positividad, pero no.

Se arrancó sobre seguir intentándolo, no siguió.

No fueron letras de apoyo, ni esperanza, las lanzó hacia el realismo y consiguió levantarme el ánimo, por supuesto, gracias.

Para terminar reconoció que en realidad, hay ocasiones en la que las cosas nos van mal y nos van mal, se complica descomponer las circunstancias.

Que agradable encontrar estas palabras de un extraño, no puedo adornarlo más, así está bien.  


lunes, 22 de junio de 2020

Un poco de generosidad, ¡por egoismo!

Muy serio terminó la frase con "busca lo que te guste", "que te guste como vá", "que te guste como funciona", "que te guste, chico".

Sacando conclusiones y espinas le voy dando la razón, cada día y en cada momento. Es muy complicado atarse los cordones a cada paso, es un auténtico coñazo frotarse los ojos con cada pensamiento, es duro el pesar de corazón con el estómago siempre vacío.

El día a día resulta resultón, porque le da la razón.
Por momentos me recupero de las grises confesiones que me hizo y que tanto sueño me quitaron, mientras pueda haré lo que, qué?

Me dejo llevar por la prudencia en un momento en el que se me va a hacer complicado rascarme el picor, y es que ya me he llevado la piel.

Alguna paparrucha me saca de lo concentrado y enfadado que me encuentro para mirar al cielo sin ver una sola nube, y preocuparme por la cantidad de espacio que dejarán, ella y la nube 

Ya os vale

En el límite, justo donde empieza a dar el sol y quema, en ese espacio que no quería pisar, no escaldarme.

Hubo una especie de símil a lo largo de lo que llevo de semana con lo que siento ahora mismo.

De camino al baño me golpee un antebrazo con el tirador de una puerta.
Me quedé pasáo, no podía ni sentir el dolor, fué rápido e inexplicable.

Donde comen dos.... otra hostia que me metí en el mismo lugar, y no, no se ahorra espacio por golpearse en el mismo lugar, la marca engrandeció poco a poco con alegría.

Los golpes hoy han sido igualmente contundentes y repetitivos, todo al hígado mental, tan fríos como el tirador de la puerta y tan inexplicables como surrealistas conversaciones que comparto con mi madre.

Por un corto instante la influencia del calor en mi cabeza podría haber tenido algo que ver, en parte así fué; el calor de las palabras, la desubicación de los globos oculares y el momento fuera de lugar.

Como algo más arriba... de veras que hoy no me quería quemar. 

Seis maneras, modos, puntos suspensivos

No he mirado ni una vez más las páginas de esa pantalla ni el brillo del papel.

Volví a tomar viejas costumbres ahora nuevas, y al mismo tiempo en lo que me lleva simplemente a mirar para un lado, u otro; no recibo sensaciones que lo hagan atractivo.

Antes de empezar comprobé que son seis, desde aquí habría jurado por haberlo tenido en cuenta, que serían muchas más, muchas, muchas más. me alegra el lamentable esbozo de sonrisa con el que se arquea cualquier línea horizontal en sus extremos descendiendo muy abajo.

domingo, 21 de junio de 2020

Esto es el relato supongo

Creo recordar un par de días sin mover un dedo para contar nada, y la envidia cochina por las corrientes continuas de letra y texto que leo y me pasman.

Vale dejar las cosas reposar cuando no se me ocurre nada, y de ahí a veces han salido ideas aún mejores, nunca se sabe.

Pues no señora, traté de girar la situación, y tomé prestado uno que di ayer caminando. 

Le andaba leyendo un cartel en la fachada de un edificio, me aseguré de acercar la cadera para notar que la suya seguía a mi izquierda.  

Ayer en el intercambiador de autobuses se puso las gafas de sol...me quedé mirando las lentes tan negras y por un momento pensé: "...tranquilo, está debajo de todo eso...", luego en la Plaza empedrada, se sentó, y se quitó todo (del rostro), sacudió la cabeza y el pelo recogido quedó justo donde pretendía, eso fué lo que me pareció entender por la forma en la que bajó el mentón.

Sacó una sonrisa que así no hubo sombra hasta la comisaría, ni palabra que yo pudiera desabotonar.

Se congelaron momentos que para ella pasan completamente desapercibidos, que increíble; increíble, estoy completamente de acuerdo.

Se me escapaba por un pasillo del metro, pero bueno, ¡que se va! y tratando de evitarlo me la llevé en dirección contraria, malditas despedidas siempre a contrapié. 

Que suave su cuello, lo había olvidado, miró a la gente que pasaba por algún sitio tras mi espalda, me apercibí de ello antes de quedarme indeciso, la duda fué tan irracional que no hay tinta o tecla o vuelta que dar. 

Desde el vagón del andén en la dirección opuesta hice una fotografía tan borrosa que parece que sólo tiene pies, recuerdo las veces que me levanté a comérmela a besos.... ahora toca memoria irracional.

A todo esto Amazonia no tiene imaginación para ayudarme, y desde la tercera estrofa todo tiene que ver con lo que me propuso: "Porque bien podría haber sido la otra parte que has escrito".

viernes, 19 de junio de 2020

Y ahora que me explique con claridad, si claro.

En algún momento de repente perdido de ocupación se podrá notar en las formas del hormigón entre ladrillo y ladrillo una satisfacción que vale por toda la desilusión y la decepción.

Que sin sentido en el texto, en las letras, en la explicación, en todo esto que no va por ningún sitio, de repente empezó a no pasar nada, y hacemos como si nada ocurriera.

Miro tu sonrisa en mis fotografías y me gustaría que fuera como el vino en brick de tu casa, quizá sólo un par de sorbos, pero abierto, empezando a hacer algo, siempre habrá otro momento para volver a mirar la boquilla.

Llevo toda la vida cumpliendo años, y olvido los que tengo.
Los nombres de las calles son para septiembre, y la recuperación va casi siempre pelada.

Ahora no podré lograrlo y en la tarea pendiente me jode mucho no tener esperanza a corto plazo.

Tengo pendiente un abrazo, no puedo hacer algo tan simple como darlo, antes por una razón y ahora por otra, no dejé de hacerlo, y sigue pendiente, lo mismo una vez tras otra, lo mismo, siempre pendiente.

En un traspiés cruzando un semáforo alguna luz de colorines no mostrará en alguna rama en la acera de enfrente que aquel vértigo mirando al suelo duró poco más que un momento.

Me quedo en blanco porque es complicado, confuso, incierto, nunca sabe nadie donde termina, por muy certera que fuera la salida, eso soy yo, mucho o poco, las dos cosas o ninguna, incierta es la forma en la que otro te mira.

Fué real ver como te te parabas a escucharme, el mundo se daba la vuelta cuando me señalabas o me tocabas
¿es posible que no fuera eso?
¿que no ocurría nada?, 
Debe ser que yo me paralizaba

Tengo pendiente un abrazo, lo comparo con el último, el que nos dejó dormidos, por el que se escapó algo así como "dormida toda entera", y te marchaste a lo tuyo con ese disgusto infantil que tan mal resuelvo.

Plegamos velas y nos vamos hacia donde la marea contaminada de gente nos deje, que divertido ver como se suelta y sale lo que lleva dentro, ojalá estuviese marcada en un mapa.

Escribir en pasado es dibujar ayer, dejar las ceras secas, para luego, sacar punta para no dibujar más, ni siquiera con las ganas de mañana.

sábado, 13 de junio de 2020

La mujer del libro

Subí por la calle Molina, me sentí como un malhechor.

Hace un par de días encargué un libro en una superficie comercial bastante conocida, "Le avisaremos con un mensaje de texto", el momento inmediatamente posterior fue de una alegría muy, muy grande, en algún tiempo tendría una curiosa publicación que tardé más tiempo del que pensaba en localizar.

Guardé en mi bolsa un recibo en el que figuraba el encargo, y al cerrar la cremallera se cerró también la alegría. Perdí el empujón inicial porque recordé que hace unos días salí a conversar con Domingo y justo en medio de alguna frase, o no, es más probable que la situación se diera  mientras nos interrumpíamos el uno al otro, una mujer nos mostró un libro blanco y la posibilidad de leer alguno de sus microtextos.

Negué con la cabeza mientras seguía mirando los ojos de Domingo, que me dijo: "menuda manera de apoyar a una escritora". Si, que vergüenza, que asco, alta traición.     

La tarde pasó rapidísimo, y Domingo se me escapó de las manos aún más.

Volví a mis cosas un rato después, y también volví a acordarme de la mujer del libro.

Esta tarde subí por la calle Molina, me sentía como en el encerado con la solución del problema de mates, pero sin tiza en la mano, 
Caminé por las calles cercanas a la zona donde conversé y meneé la cabeza hacia los lados.
No esperaba una solución rápida, así que me senté y comencé a escribir tratando de invocar al espíritu de la tinta y la justicia, por allí desde luego que ni espíritu, ni mujer del libro.

Y no aprendo, a Martí le estaba diciendo que los meses pasados me han hecho reflexionar sobre lo que no debo perderme a partir de ahora, sobre lo que debo mantener y sobre lo que me tiene que preocupar o hacer sufrir, y a la primera de cambio, negué con la cabeza.


 

Costumbre extendida y chocante normalidad

Mi casa estaba como la última vez, con las persianas levantadas, en el mismo sitio, esperando un asalto a la nevera, una idea genial de madrugada, una carcajada y una desilusión. 

Al teléfono me esperaba una mesa en lo que creía una pastelería de magdalenas con nombre vergonzoso para la Bella Easo, pues no, volvió el local a ser un bar, lo que funciona, funciona.

Calle arriba andé al son del sol de la justicia, joder que calor la virgen, qué de justicia derretida y qué de sol en libertad.

Decidí cambiarme de acera para rebotar en los adoquines entrantes para oh sorpresa!, topar con los rizos más comprensivos del barrio. Se quedó moderadamente regular, voy hipnotizado por una concesión del ayuntamiento, sugestionado por largos mechones de pelo negro y reposado por algún calmatín, no doy para más, lo aguanto bien con un empujoncito, no espero aplausos de nadie.

Unos minutos después crucé de nuevo hacia la parte de calle quemada por un incomprensible sol empeñado en putear mis pasos, no acertaba con la ruta libre de la tostadora del infierno.

En una parada de autobús una muchacha peinaba a otra diciendo: "..tía y cómo ahora venga el bus..", me la quedé mirando a los ojos señalando la dirección por donde debería llegar el autobús, que claro, en ese momento no pasaba por allí. Sus ojos sonrieron, eso creo. 

Recordé que debía decirle a Sonicada las razones por las que próximamente no podría bajarle la mascarilla, dejamos en el aire un próximo momento, un par de frases una para cada lado. La sonrisa con extra de boya flotó por el paso de cebra, el aliento a mitad de bombona, y como a veces sucede antes de marcharme... en un primer momento apartó las manos para después cogerme flojito con dedos de cera por los hombros.

jueves, 11 de junio de 2020

Pensar-pensar

De alguna manera tenía que comenzar, y fué esta mañana de camino a la panadería, saqué la libreta de la bolsa y escribí:

"Cualquier cosa problema"
"Cualquier cosa viaje cabeza solución alternativa"
"¿todo podría ser?"

Esta maldita memoria mía me permite apuntar lo que no quiero olvidar, y desgastar hasta la transparencia lo que necesito recordar y de lo que tomé nota. Admito que la batalla sigue y admito la debilidad de las defensas frente a la artillería enemiga, olvido, a veces me enfado mucho, pero otras no, y sigue el camino.   

Justo ahora, aunque sin enfado no soy capaz de recomponer lo que pensé antes de comprar el pan, admito, eso si, que sus ojos estaban presentes mientras escribía.

Casi todo el mundo caminaba en el sentido contrario al de la flecha que indicaba el suelo, es fácil seguir instrucciones, pero mucho más hacer lo que te sale de los cojones, olvidamos muy fácilmente hasta aquello que nos quita lo que nos permite estar aquí.

Muchas han sido las ocasiones en las que pensé que esto se acababa, y lo que terminaba era poder volver a verla, mi estómago al microscopio era inapreciable, y no me dejó terminar, una frase y media me quebró tirado en el pasillo gran parte de la noche, hice balanza hasta poder desclavarme del suelo.

Por ahí van los tiros, si cualquier circunstancia puede generar un problema contra nuestras intenciones, somos capaces de revertir, solucionar, olvidar y desandar o pisar las viejas huellas con nuevo calzado.

¿Todo podría ser?, casi todo, me figuro.
Todo es demasiado, acercarse  mucho también vale, me puse manos a la obra.

Sacrificio ante el egoísmo, realismo a los cuentos de azúcar, ¿Y a que viene esto?, viene a que mucho antes de tener conocimiento de muchas cosas trataron de convencerme, trataron de hacerme pensar en que las cosas bonitas de las fábulas y algunas historias llevan un ojo morado, un corte en la rodilla, un golpe en la mejilla, y lo que más pica; el desengaño con la vida, que el semáforo está en ámbar, y es injusto, conozco a casi ninguna persona que aprecie ese color en ese ámbito. Me negué antes como ahora a asentir y reconocer la evidencia, pica e irrita, ¿y para que la mercromina?, vamos digo yo.

Me hostio si es necesario, me refiero a que pase lo que pase porque debe y sea irremediable.

Si es bueno, afecta de manera favorable y con más o menos arrugas en las comisuras de la boca, termina el asunto.

Si es malo, te descompones y con más o menos arrugas en el entrecejo, comienza una escalada imparable a las malas digestiones.

   

domingo, 7 de junio de 2020

Lloverá

Llegan las ganas, el momento de sacarlo y expresarlo otra vez, es posible que la cantidad no tenga importancia, la envergadura se encuentra en lo que el pecho se pueda llegar a encoger, agitar, uno se ahoga y comprende que hay momentos en los que todo se comprende de repente gracias a un gesto.

Fué y sigue siendo un destierro muy gris y solitario hasta justo este momento, escuece todo esto que no se sabe como ocurre, como pasa, ni donde ofrecerá un paréntesis para tomar aire.

¿Cómo es posible que todos estén tan tranquilos?

Me cogieron una mano clavándome los ojos para sentenciarme que lo que uno quiere es lo que debe seguir buscando cueste lo que cueste, siempre que valga la redundancia; "eso sea lo que uno quiere".

Qué forma de ser egoísta para no haberlo visto antes, cállate un poco, los suspiros, los lamentos y los gimoteos que fluyen de las cejas tensas y mojadas por el egoismo no sirven, deberías tener paciencia y equilibrar el horizonte, nivelar porque la clave está en ir a buscar, y mientras tanto seguir esperando. 

Casi a grito pelado confesé sin decirlo que eso mismo es lo que llevo buscando desde siempre y ahora que noto cerca, aguardo.

-¿Donde está el problema entonces, chiflado?

+En que no está

-¿Volvera?

+Si

-Solucionado pues, gañán. 

viernes, 5 de junio de 2020

Casi penúltimo día de esperanza

Éste viernes es un día de esperanza.

Esperanza no es una persona, esperanza soy yo, el burro delante para que no se espante, somos muchos y muchas.

Hoy es un día como cualquier otro al que debemos darle la diferencia con los demás con la ilusión de que será el inicio de algo realmente bueno.

Cuesta mucho ser positivo cuando el panorama invita al nubarrón, es difícil sonreír cuando nada al frente hace gracia, cuesta incluso comunicarse o escribir cuando la garganta esta harta y ronca de mirar al contario.

En un momento todo lo anterior se revienta y se revierte, puede ser por la propia implosión y el desdén o desprecio a todo lo que se pueda escapar allá donde llega la vista, el olfato, el tacto.... el estómago.

Es una mañana agraciada por un sol de luz aclaratoria, es una mañana bañada por el recuerdo de su voz, es una voz que da ilusión, y volviendo al principio, un día de esperanza.     

miércoles, 3 de junio de 2020

Asfalto blando

No es por joder, seguro seguro que algo se podría hacer.

Entender que con ocupaciones no se pueda dar a basto, da que pensar.

No tener un dedo en el hombro señalando con presión, ni pensar en ponerlo.

Entender que con preocupaciones no se llegue a pensar, da por lo que preocuparse.

Ahora que rencor, enfado, frustración y decepción, de ninguna manera por molestar, inquirir o entenderse.

Todo me lo cargo a la chepa porque de nadie más es ésta espalda, la luz que no brilla ni atiende a candela que valga.

martes, 2 de junio de 2020

Locademia

De cabeza y sin anestesia, como me dirían desde la sala de estar, "desgalicháo".

Cuesta cada vez un poco más, se encuentra todo en el mismo lugar, y día tras día todo se aleja un poco de mi.

A veces se me olvida en que lugar se encuentra cada persona, y desearía que fuera así todo el día, que el peso de las consecuencias y el origen de todas ellas no estuviera en mis manos, es frustrante todo lo que puede ocurrir después de un mal parpadeo.

El pavor crece sin dejar prisioneros, en algunos momentos hace de pirata bueno y lo miro desde abajo con un ojo seco y el cielo entoldado, muy gris, no lloverá manteniendo la tensión por si acaso termina sucediendo.

El día que no me fui antes y que no esperaba nada del otro mundo (jueves para otros) se me presentó el primer minuto de lo que ahora ocurre.

Asesoría práctica y de confianza me procura una orientación contradictoria con hilos del mismo tono, quejas sin gritar en demasía, y firmes declaraciones por el bien general, no me recomiendan quedarme tomando el fresco en la ventana con los ojos aleláos.

Contradicción con hasta donde podemos llegar para darle algo, difícil, quedamos en algo más o menos cercano, y todo continúa estable como chapuza casera.

En nombre de la seriedad y del qué; he sido poco prudente, egoísta, pulsé todos los botones y con ninguno dejé de hervir, no pude parar con las carbonizadas ganas ni cuando lo pude parar, y lo volaban todo. 

No me llevo bien con el cuidado.

Ahora.

¿Ahora qué?