Tras esas cosas que a menudo se suelen decir por compromiso, uno ya no reacciona, las deja pasar y se pone a mirar escaparates.
Peeero, en ocasiones podemos disfrutar de un: "Has vuelto... no me has dicho nada"
Todo lo que pasa a partir de ahí es bonito como en un tiovivo en la Castellana, no te lo esperabas al pasar y vá lleno de lucecitas, se encuentra allí y lo han puesto para tí.
Sin reproches, sin exigencias, con la generosidad de dejarlo todo pasar mientras te escuchan y te hacen sentir que están a tu lado.
Olvidas las noches en vela, la obsolescencia ansiolítica programada, porque se levanta aire y eleva sus rizos, porque hasta cuando lleva la contraria es generosa y porque como las buenas canciones, su estribillo es pegadizo.