Ayaya y, vale ya.
Estaba tocado por las canciones de Natasha Bedindgfield: a veces sin escribir, otras con esas palabras...
Abría los ojos y no se me plegaban como cuando no quería, era voluntario, lo juro.
La canción no la encontraba y la siguiente fue de audición y baile, ay ahyahya otra vez.
Que se suenen los mocos con tus bailes, que aplaudan sus aburrimientos con tus volteretas..
Un poco borroso lo que te trae toda esta traca; es un abrazo y un beso de esos que hunden los carrillos.
Eso.