Y todo pasó del amarillo al negro, del vacío al pleno lleno, de estar en un pasillo a andar por campo abierto
Díme tú si no voy a dar por bueno lo que me ofreces, si es lo mejor que puedes dar
Sentí el paladar del cristal en mi boca, la luz al cruzar el marco de la puerta, el interrogante de sus ojos preguntándome si me quedaría hasta el cierre
Todo para mi, para dárselo, para fundirme en uno, y marcar a fuego la certidumbre de cuatro paredes, de un inconfesable momento que desearía poder contar a todo el mundo