Hace ya algún tiempo me tacharon de excesivo, por supuesto que no me sorprendió.
Las navidades en casa de mi abuela eran la cuna del jolgorio, momentos en los que todos allí levantaban la voz y trataban de sobrevivir durante la conversación mientras no permitían que cualquier primo o cuñado les robara el turno de asalto.
Extraño muchísimo todo lo que pasaba entonces, y de manera excesiva otras muchas cosas que no entiendo muy bien porque me las han quitado.