Todo a partir de aquel momento fué algo tosco, empecé a medir un poco peor las distancias, soy muy poco disciplinado, muy malo para esto, así que me alarmé estrepitosamente al principio y sin ninguna razón después.
En ocasiones con una erección del carajo, vamos a ver, ¿es que soy el único?, ¿nadie más las tiene?, pues entonces hasta el fondo.
No sé si sabéis que no hay fondo, es como cuando te pones a beber, ¿donde está el final?, normalmente donde cada uno quiera, a lo mejor nunca, cada uno le pone el remate.
En casos extremos, juega su papel la segunda persona, la que incide indirectamente, y de ésta depende como termine o empiece todo, vaya, vaya, no tengo palabra bonita ni fea para que esto sea fiel a lo que lo es, hablo y miro, pierdo el sentido, todo lo anterior lo pierde, no sirve de nada, el sentido lo tiene ella.
Uy! siempre se puede leer, soy cobarde y consecuente, con frases y copas, ojo, cuidado con cómo la miras, por favor, a ella siempre con respeto, te la estás jugando, en las escaleras, en la entrada, en la salida y mientras tanto, no tienes ni idea, no.
Compartimos las palabras y las vueltas a casa, idas y venidas, ojos que van y vienen, risas sin sentido y con todo, agarrados cada cual en la cintura del otro; coño, no querría nada más, eso era todo, mirarla y seguir en aquello.
Puedo asegurar que la ruta del autobús podría haber durado toda la noche, la semana, el año, la miraba a los ojos y la besaba y la quería coño, ella sonreía y yo estaba enamorado.
En las confesiones de madrugada todo se estrecha y con la poca distancia entre vistas de ojo a ojo, la sinceridad toma todo, menos mal, era el momento, tocaba saber algo ya, por la poca generosidad que damos, en serio, todo esto no lleva ninguna carga de barra, sale sincero, bonito y adornado de verdad.