Y lo poco que hacía falta colmó la tarde en la que no hacía falta.
Tan agusto estábamos que otro no necesitábamos. Más platos en la mesa no eran necesarios.
¿Alguien lo pidió?, NO, NO.
Otro no. Aseguro que su inseguridad se cagó en todo.
Abrazados, desnudos a lo largo y ancho de una manta con el testigo de botellas, vasos y de todo por el suelo. (Los cojines se quejaron del mal trato).
Por el mal asunto se quejó mi viejo amigo el rencor disfrazado de mala costumbre, que mala baba colega. Pobrecito que justo cuando ella no se la estaba tocando, era a mi.
Esto puede saber mal, pero ajo y agua, así va todo.