La
noche bien entrada, y la gente bien perdida
mi
consuelo se marchó embozado en una bufanda que desde tal, no soltó palabra
rescaté
a los perdidos por el camino, y estreché en mis brazos a un agradecido vestido
rojo
de
vuelta a casa ni más ni menos que lo que no me esperaba
con
los ojos bien abiertos, el sol vino a mi cara, la pereza y el suelo frío, poco
más pude salvar
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