Con un sonoro puñetazo en la barra
puso al oído de todos su disconformidad,
no levantó la vista de sus rodillas,
y con los ojos muy tristes se despidió, llevaba prisa
como varía el puñetazo, ya sea de
rabia, tristeza ó alegría
desde un plano paralelo y opuesto, abrazos
desbocádos, y puntillas de júbilo,
de camino a casa rememoro esos momentos
que tanto me apetecería revivir
me quedé con las ganas, los billetes
y la sonrisa para mañana
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