Estaba todo en el quicio de la puerta, ni dentro, ni fuera, justo entremedias, lo verdaderamente lamentable es que me mostrara la verdad, porque si me dan a elegir, me quedaba como estaba, sin saber, sin pensar y sin sufrir
Majestuosos, por encima de todos, orgullosos el uno del otro; leí la letra, y no me llevó demasiado lejos, brillan diamantes en el cielo.
Yo también debo estar un poco mal de la cabeza, te bailo el agua, te cojo de la mano, ni parpadeo, y me cago en todo, así que pienso ocupar el tiempo que me des sólo contigo, sin distracciones, eligiendo que me da igual todo, incluso cuando te fuiste, cada vez que te marchaste, en cada ocasión que parecía que todo era nuevo, y no había pasado nada, la mierda no nos llegaría al cuello, nunca sería como para los demás, a mi nunca me pasa eso.
Majestuosos, por encima de todos, renegando el uno del otro; escuché la letra, y me llevó lejos, diamantes negros en el cielo.
Sentía tirante la frente, y no eran más que mis cejas tratando de cambiar el gesto, de joder la pava, de cambiar el tiempo, imité algunas cosas y procuré que la importancia adelgazara, no fue una tragedia, pero sentía que miraba las cosas desde abajo.
Algo más que tocar su cuerpo, devolver incómodos pellizcos, mirar su camiseta, porque no sé que pasaba con ella... que era otra, en su justa medida, en mi cómodo espacio, viéndolas venir
Indispuesto, dentro de un cochambroso espejo, muy lejos de casa, con un mapa sin una X roja
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