Una mujer con rasgos fuertemente orientales estaba en la entrada del taller con un paraguas rojo recibiendo una lluvia de arroz, eso fué lo segundo más impresionante, porque lo primero antes de una sonrisa fueron tres guardias jurados pidiendo que me la llevara, no a la oriental, me llevé a la que me esperaba
Menudo ambiente, en aquel local me habría quedado a vivir, mi sonrisa de lado a lado lo decía todo, fuí muy feliz un rato largo, y cuando preguntamos por un sitio donde cenar bien cerca de la zona, uno de los muchachos dejó su cigarro, y salió de nuevo del local con una guía de restaurantes de cocina oriental que había elaborado su grupo de trabajo, era como estar en el paraíso
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