martes, 27 de junio de 2017

Sin lactosa

Su vestido era corto como para notarlo, y me hizo un encargo, quisiera acordarme de qué... pero cuando me siento frente a un plato no como, hablo y hablo, así que me tuvo que dar de cenar, no quiso postre, y tras compartir un par de confesiones de 40 grados, y un taxi de 200, digo yo que porqué se me ocurriría llevármela del sofá, tras un momento de desconcierto su tono cambió, ese tono que le suma valor a la penumbra, que te hace imaginar que sus labios solo suben y su vestido se cae con la caraja.
Se quedó boca arriba y decidió dar de sí la pechera de mi camiseta, que la noche había sido larga, el garrafón del bueno, la cena regular y aún teníamos que desayunar.

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