Estamos hablando de que ya después de un primer redoble, las arrugas eran irremediables en la comisura de mis labios, que que que me hizo muy feliz, y creo no haber sonreído ni durante ni tanto desde hace mucho, en esos momentos no se me ocurría pensar en lo injusto que es el tiempo, ni en lo gris de mi cerebro.
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