Yo no quería cerveza, estoy en ese estúpido momento en el que el cuerpo cuenta, pero nos engañó a los dos, al camarero y a mi.
Mezclar menús del día no tuvo ninguna complicación, casi tanta como dejar de comer, ella llena de flores mi apetito y deja saciadas todas mis ganas de saber, escuchar o ver algo, ¿que ñoño y que cursi? Tendríais que escucharla
Si todo fuera como cuando ella se empeña, las ganas serían una dictadura, y sus bocanadas de humo... sentencias de absentismo a querer otra cosa.
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