Con un poco de paz tecletéo y me olvido del estofado de pesadilla que se llevó la cama ayer por la noche.
Como distracción, todo un espectáculo de alegría, luz y color. Cuando soy consciente, un puñetero desastre, el presente me da una patada en el culo y me deja caer por la espalda, desde el cuello un buen chorro de agua helada.
El borde del colchón me frotaba con tu voz. Sus besos no son los tuyos y los abrazos, que decir de ellos, sucedió toda la noche.
Justo ahora me encontré expandido al cielo azul, entregado a cualquier realidad y con ganas de que si me ocurriera con alguien, no habría supuesto un problema.
Por si me lo pregunto; si, también fuera de la cama me martiriza con las cosas bonitas del principio. Olvidé las que no me gustan y debo reconocer que malas, malas, tampoco fueron.
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