Al rato, después de compartir una tortilla, bajé al metro y "pasillo pá arriba y pá abajo".
En el andén un moreno altísimo, muy moreno y muy buen mozo que mira a una mujer pero que muy atractiva. Se llegan a cruzar sin dejar de mirarse, ¿Ese momento del que siempre nos arrepentimos por no haber hecho algo?, pues ese.
Al entrar en un bar por esa plaza que mola tanto, nos apoderados de una mesa a la que fuimos pegando sillas hasta llegar a cinco.
La mesera se acercò, nos miró y dijo: "¡¡no me dejéis una mesa con una silla!!", con una mano ya en el vaso la miranos nosotros con una grandísima duda en los ojos.
Al final se quedò todo en la seguridad de una mesa con una sola silla.
Me acabo de dar un cabezazo contra la pared. En el suburbano las paredes así como tubulares facilitan este cacharrazo tan llamativo.
A todo esto me acababa de bajar en Callao porque si, porque hoy es el día de equivocarse al ir y volver en transporte público.
Pude ver que se volvieron a mirar (la pareja de antes), una vez que iniciaron la marcha en vagones diferentes, por separado.
Cómo me equivoqué al bajarme hace un rato no supe cómo acabó la historia, me conformaré con un día sin demasiado chichòn.
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