domingo, 25 de octubre de 2009

Y la ví

Se acercó a la ventana y se quedó inmóvil, mirando hacia la nada, nada había, nada esperaba, envuelto en una manta y con la oscuridad como horizonte empezó a hacer inventario de los últimos acontecimientos, la sensación fue un poco descorazonadora después de unos minutos, gesticuló fugazmente tras recordar cómo le quemaba la cara después de la bofetada que le dio Lola, no se sintió bien, porque lejos de tratarla mal, si le demostró que era uno más, ni mejor ni peor amigo, sólo uno más.
Las desilusiones se amontonaban por la noche en la almohada, y las historias incompletas se deslizaban una tras otra a lo largo del pasillo, ya no le servían las llamadas a deshoras, la adrenalina mientras escapaba por la puerta trasera del garaje mientras la que se quedaba ponía buena cara a su marido, los guiños peligrosos y las noches que no acababan aquí o allá de ninguna manera, en ningún lugar.
Y entre tanto y como siempre, aquella mujer que siempre se cruzaba, empezó a plantearse seriamente que fuera producto de su imaginación, la ansiedad, el aburrimiento, incluso la felicidad, pero era demasiado imaginar que no existía, sobre todo después de verla casi con más frecuencia que a la puerta de su casa.
Hace algunos años celebró un pequeño encuentro con sus amigos en el “Julius”, fue el primero en llegar, y mientras se despojaba de la chaqueta y la bufanda, concretamente cuando se quitó el gorro, ella entró en el bar, hubo un cruce de miradas que el mismo propicio sacudiendo su melena para hacerse notar, en ese mismo momento fue consciente de algo que no sabía explicar, tras varias copas, cuando se levantó, de ella ni rastro quedó.
Algunos días después en coche en dirección norte, y con esa maldita costumbre de mirar quien va en los demás, fue adelantado por un polo blanco, le rebotó el estómago al creer ver a aquella mujer, aceleró y a medida que se iban poniendo a nivel la vió al volante mientras lo dejaba atrás en el primer desvío.
Embargado por la melancolía, la dejadez y la oscuridad de un famoso cantante hundido en el mundo de las drogas, pasó por el centro de la ciudad a ojear un par de libros de poemas, mientras le daban información sobre los artículos que necesitaba, de reojo la vió agacharse a recoger un libro del estante más cercano al suelo, salió tras ella…una vez más desapareció, ante sus ojos, entre la gente, mientas trataba de explicar al guardia de seguridad que no se quería llevar los libros sin pagar.
La volvió a ver en un centro comercial mientras trataba de recolocar una escalera que se le vino encima en la megatienda del bricolaje, trató de alcanzarla mientras el encargado le gritaba desgallitándose que tendría que pagar los desperfectos…..una vez más la visión se volvió a esfumar.
Consiguió después de una temporada relajarse y no ir mirando dentro de los buzones de correos, de las bolsas de la compra, en las ventanillas del autobús…
Viajando en metro, despreocupado de camino a casa, fue a entrar en el vagón y tal era el volumen de gente que giró sin hacer el menor esfuerzo 180 grados, quedando justo de frente a ella, y habiendo mucho, esperando más, fueron empujados en direcciones contrarias.
Aún hoy visito aquel bar, viajo en coche hacia el norte, compro libros que no necesito, y pierdo el tiempo mirando en el metro…y en el centro comercial.

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