Era canela, fuego, hielo, era pálida como antes del tinte la
tela, sus manos cambiaban de forma, esas piernas infinitas que a veces no
pasaban de mi cintura, mechones de pelo caían sobre su frente, o quedaban
recogidos, o más bien marcaban que miraba por encima de sus cejas
Gira al mírarme ese cuello, y las pecas forman otra
composición, tira de la tela sobre mi cara y tira de mi hacia ella, parece
cuesta abajo, salvo cuando se revuelve, cada vez diferente, y ahora la miro cuesta
arriba
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