Al mojado, llovió durante casi todo el camino, eso si, desde que llegué, hasta que tuve que marcharme casi a las 9 de la noche, brilló el centelleo de sus ojos
No negaré que las flores que resbalan por sus hombros son insuperables, y con semblante tranquilo me las muestra sin aparente pudor, portentosa sobre todo cuando debe serlo
No esconder es digno de admiración, y admirablemente dejó sobre la mesa todo aquello que consiguió que se esfumara cualquier espacio vacío
Animalmente vanos los intentos por no tocar el desvarío, eficaz el verbo, y muy provechoso como vá y me coloca el cuello del abrigo
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