Se me fué de las manos, así que la agarré todo lo fuerte que pude
Claro, por tu conveniencia, y si te digo la verdad también por la suya, cada uno en su sitio pero con las manos llenas
Sus ojos sobre el papel, al carboncillo, sorpresivamente abiertos y con esa poca vergüenza que me llevó a sus piernas
Se tuvo que marchar para poder facturar, lo mío fué más bien quedarme para comprar azúcar.
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