Alguna vez oíste eso de que una sonrisa iluminaba una habitación, un estadio, el mundo entero? pues la suya además me reconcilia con el mundo, tiene unos ojos enormes, hecha atrás mi canibalismo y borra que quiera recordarla con los depeche y un beso de esos con los ojos cerrados.
En un instante vuelve a su permanente observación del mundo frotándose las manos, no por el frío, las frota casi todo el rato.
La necesidad saca toda su fuerza, esa fuerza que la agita y la agota, que rara o loca, o ambas cosas, no sé cuál, ya sabe que son compatibles, necesarias y recargables.
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