De vuelta a casa me mira como si me conociera, y de familiar para mi tenía lo mismo que un jugador de baseball cubano.
Me dá por bajar la basura, y me la cruzo por las escaleras, como soy un caballero retiro el auricular de mi oreja izquierda y saludo, claro.
En lo que nos vadeamos me contesta y sonríe de la manera más increíble que jamás ví, es por esto que adoro reciclar, y cruzarme con la vecindad.
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