Miré con cara de extrañáo la manera en la que espera que todo tenga que ver con ella.
Después de tanto hablar y de tanto portarme mal, me quedé sin saliva para ella, y no hablo de la que gasto al hablar
Me escurre el mal rollo cuando muy cerca del cuello la promesa no es suya y queda sellada en otros ojos, cuando el calor no es suyo, no, no lo añoro y se enfría como una tostada de la semana pasada
La mala conciencia, al fin y de una vez por todas se queda en el buzón, las ganas de arrancarle la ropa no pesan tanto como mirar al techo con pesar en las ojeras, y las ganas de entender algo, lo que sea, no me llaman
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