Cada vez que aquella mujer soltaba su arte encima del escenario, me llenaba a mi el pecho, las guitarras y el zapateo... de emoción, hubo un momento en el que incluso al dar las palmas, perdí el compás, la mandíbula me dolía de sonreír, me olvidé de comer y de beber y de mirarla, eso si que tiene mérito.
Justo a mis espaldas tres amigos celebraban algo, su alegría molestaba y no pude evitar llamarles la atención, ojos como huevos, fritos y cocidos del asombro, y sonrisilla de "no me toques los cojones, nene"
Como Paloma San Basilio en su momento, La fiesta terminó para mí también, y con todo el descaro del mundo, uno de los ruidosos muchachos le pidió a Sara que les hiciera una foto.... "que no hablamos mas", vá y suelta el elemento!!!
Con carcajadas sin vergüenza, y un poco de conversación, nos mudamos de querer matarlos, a compartir barra y pasadas confesiones, el tequila vió su fin, los muchachos el principio de su vuelta a casa.
Mi periplo por Atocha me indignó, la tienda de variedades más popular de la zona, tiene más fama que género, y a eso dicho por ella, no le pongo peros.