Lentas como caracoles, muchas, desde luego no en singular, caían de vez en cuando allá donde miraba las razones para algunas cosas, para otras desde luego que no.
Mis ganas fueron por algo más inmediato, que estuviera menos lejos.
A los botones del teclado de mi vida les falta el calcio que los pulse; fuerte y más cerca, no comparto la vista desde tu microscopio, resulta insuficiente.
Muy, muy difícil cuadrar cuatro pupilas, hasta con la misma flor a la que mirar.
El convite es arriesgado para el corazón, resulta apetitoso para la vista, la boca, el estómago, es una hamburguesa que tienta de mala manera, con las consecuencias de girar en un tiovivo, aplaudir las borrosas imágenes de un cabaré con una conversación de barra para rellenar, sin interés ni buena consecuencia.