viernes, 1 de mayo de 2020

Ulan S

A eso de las tres de la mañana, casi como cada noche, me asomé a despedirme, a darle las buenas noches.

No se la veía bien, las hojas de los árboles apenas la dejaban brillar, me pareció suficiente como para quédarmela.

Le hice muchas fotografías, porque aunque apenas se la podía distinguir, es lo que me queda hasta la próxima vez que con más o menos brillo la pueda volver a ver.

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