Sumo uno más uno y el resultado no suelo ser yo, seguro que el perfil es el de alguien más listo y menos enamorado.
Me sabía de memoria el resultado, y como buen espejo; mis rodillas, llenas de heridas y cicatrices, algunas recientes.
Y bien, la cara de iluso, porque en una ocasión casi saco un molde y ese hormigueo con jaqueca que agota a la almohada y alimenta el dolor de cabeza matinal.
No era para mí, ahora que claro, lo agarré con envidia y esperé una vez más lo imprevisto.
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