sábado, 13 de junio de 2020

La mujer del libro

Subí por la calle Molina, me sentí como un malhechor.

Hace un par de días encargué un libro en una superficie comercial bastante conocida, "Le avisaremos con un mensaje de texto", el momento inmediatamente posterior fue de una alegría muy, muy grande, en algún tiempo tendría una curiosa publicación que tardé más tiempo del que pensaba en localizar.

Guardé en mi bolsa un recibo en el que figuraba el encargo, y al cerrar la cremallera se cerró también la alegría. Perdí el empujón inicial porque recordé que hace unos días salí a conversar con Domingo y justo en medio de alguna frase, o no, es más probable que la situación se diera  mientras nos interrumpíamos el uno al otro, una mujer nos mostró un libro blanco y la posibilidad de leer alguno de sus microtextos.

Negué con la cabeza mientras seguía mirando los ojos de Domingo, que me dijo: "menuda manera de apoyar a una escritora". Si, que vergüenza, que asco, alta traición.     

La tarde pasó rapidísimo, y Domingo se me escapó de las manos aún más.

Volví a mis cosas un rato después, y también volví a acordarme de la mujer del libro.

Esta tarde subí por la calle Molina, me sentía como en el encerado con la solución del problema de mates, pero sin tiza en la mano, 
Caminé por las calles cercanas a la zona donde conversé y meneé la cabeza hacia los lados.
No esperaba una solución rápida, así que me senté y comencé a escribir tratando de invocar al espíritu de la tinta y la justicia, por allí desde luego que ni espíritu, ni mujer del libro.

Y no aprendo, a Martí le estaba diciendo que los meses pasados me han hecho reflexionar sobre lo que no debo perderme a partir de ahora, sobre lo que debo mantener y sobre lo que me tiene que preocupar o hacer sufrir, y a la primera de cambio, negué con la cabeza.


 

Costumbre extendida y chocante normalidad

Mi casa estaba como la última vez, con las persianas levantadas, en el mismo sitio, esperando un asalto a la nevera, una idea genial de madrugada, una carcajada y una desilusión. 

Al teléfono me esperaba una mesa en lo que creía una pastelería de magdalenas con nombre vergonzoso para la Bella Easo, pues no, volvió el local a ser un bar, lo que funciona, funciona.

Calle arriba andé al son del sol de la justicia, joder que calor la virgen, qué de justicia derretida y qué de sol en libertad.

Decidí cambiarme de acera para rebotar en los adoquines entrantes para oh sorpresa!, topar con los rizos más comprensivos del barrio. Se quedó moderadamente regular, voy hipnotizado por una concesión del ayuntamiento, sugestionado por largos mechones de pelo negro y reposado por algún calmatín, no doy para más, lo aguanto bien con un empujoncito, no espero aplausos de nadie.

Unos minutos después crucé de nuevo hacia la parte de calle quemada por un incomprensible sol empeñado en putear mis pasos, no acertaba con la ruta libre de la tostadora del infierno.

En una parada de autobús una muchacha peinaba a otra diciendo: "..tía y cómo ahora venga el bus..", me la quedé mirando a los ojos señalando la dirección por donde debería llegar el autobús, que claro, en ese momento no pasaba por allí. Sus ojos sonrieron, eso creo. 

Recordé que debía decirle a Sonicada las razones por las que próximamente no podría bajarle la mascarilla, dejamos en el aire un próximo momento, un par de frases una para cada lado. La sonrisa con extra de boya flotó por el paso de cebra, el aliento a mitad de bombona, y como a veces sucede antes de marcharme... en un primer momento apartó las manos para después cogerme flojito con dedos de cera por los hombros.

jueves, 11 de junio de 2020

Pensar-pensar

De alguna manera tenía que comenzar, y fué esta mañana de camino a la panadería, saqué la libreta de la bolsa y escribí:

"Cualquier cosa problema"
"Cualquier cosa viaje cabeza solución alternativa"
"¿todo podría ser?"

Esta maldita memoria mía me permite apuntar lo que no quiero olvidar, y desgastar hasta la transparencia lo que necesito recordar y de lo que tomé nota. Admito que la batalla sigue y admito la debilidad de las defensas frente a la artillería enemiga, olvido, a veces me enfado mucho, pero otras no, y sigue el camino.   

Justo ahora, aunque sin enfado no soy capaz de recomponer lo que pensé antes de comprar el pan, admito, eso si, que sus ojos estaban presentes mientras escribía.

Casi todo el mundo caminaba en el sentido contrario al de la flecha que indicaba el suelo, es fácil seguir instrucciones, pero mucho más hacer lo que te sale de los cojones, olvidamos muy fácilmente hasta aquello que nos quita lo que nos permite estar aquí.

Muchas han sido las ocasiones en las que pensé que esto se acababa, y lo que terminaba era poder volver a verla, mi estómago al microscopio era inapreciable, y no me dejó terminar, una frase y media me quebró tirado en el pasillo gran parte de la noche, hice balanza hasta poder desclavarme del suelo.

Por ahí van los tiros, si cualquier circunstancia puede generar un problema contra nuestras intenciones, somos capaces de revertir, solucionar, olvidar y desandar o pisar las viejas huellas con nuevo calzado.

¿Todo podría ser?, casi todo, me figuro.
Todo es demasiado, acercarse  mucho también vale, me puse manos a la obra.

Sacrificio ante el egoísmo, realismo a los cuentos de azúcar, ¿Y a que viene esto?, viene a que mucho antes de tener conocimiento de muchas cosas trataron de convencerme, trataron de hacerme pensar en que las cosas bonitas de las fábulas y algunas historias llevan un ojo morado, un corte en la rodilla, un golpe en la mejilla, y lo que más pica; el desengaño con la vida, que el semáforo está en ámbar, y es injusto, conozco a casi ninguna persona que aprecie ese color en ese ámbito. Me negué antes como ahora a asentir y reconocer la evidencia, pica e irrita, ¿y para que la mercromina?, vamos digo yo.

Me hostio si es necesario, me refiero a que pase lo que pase porque debe y sea irremediable.

Si es bueno, afecta de manera favorable y con más o menos arrugas en las comisuras de la boca, termina el asunto.

Si es malo, te descompones y con más o menos arrugas en el entrecejo, comienza una escalada imparable a las malas digestiones.

   

domingo, 7 de junio de 2020

Lloverá

Llegan las ganas, el momento de sacarlo y expresarlo otra vez, es posible que la cantidad no tenga importancia, la envergadura se encuentra en lo que el pecho se pueda llegar a encoger, agitar, uno se ahoga y comprende que hay momentos en los que todo se comprende de repente gracias a un gesto.

Fué y sigue siendo un destierro muy gris y solitario hasta justo este momento, escuece todo esto que no se sabe como ocurre, como pasa, ni donde ofrecerá un paréntesis para tomar aire.

¿Cómo es posible que todos estén tan tranquilos?

Me cogieron una mano clavándome los ojos para sentenciarme que lo que uno quiere es lo que debe seguir buscando cueste lo que cueste, siempre que valga la redundancia; "eso sea lo que uno quiere".

Qué forma de ser egoísta para no haberlo visto antes, cállate un poco, los suspiros, los lamentos y los gimoteos que fluyen de las cejas tensas y mojadas por el egoismo no sirven, deberías tener paciencia y equilibrar el horizonte, nivelar porque la clave está en ir a buscar, y mientras tanto seguir esperando. 

Casi a grito pelado confesé sin decirlo que eso mismo es lo que llevo buscando desde siempre y ahora que noto cerca, aguardo.

-¿Donde está el problema entonces, chiflado?

+En que no está

-¿Volvera?

+Si

-Solucionado pues, gañán. 

viernes, 5 de junio de 2020

Casi penúltimo día de esperanza

Éste viernes es un día de esperanza.

Esperanza no es una persona, esperanza soy yo, el burro delante para que no se espante, somos muchos y muchas.

Hoy es un día como cualquier otro al que debemos darle la diferencia con los demás con la ilusión de que será el inicio de algo realmente bueno.

Cuesta mucho ser positivo cuando el panorama invita al nubarrón, es difícil sonreír cuando nada al frente hace gracia, cuesta incluso comunicarse o escribir cuando la garganta esta harta y ronca de mirar al contario.

En un momento todo lo anterior se revienta y se revierte, puede ser por la propia implosión y el desdén o desprecio a todo lo que se pueda escapar allá donde llega la vista, el olfato, el tacto.... el estómago.

Es una mañana agraciada por un sol de luz aclaratoria, es una mañana bañada por el recuerdo de su voz, es una voz que da ilusión, y volviendo al principio, un día de esperanza.     

miércoles, 3 de junio de 2020

Asfalto blando

No es por joder, seguro seguro que algo se podría hacer.

Entender que con ocupaciones no se pueda dar a basto, da que pensar.

No tener un dedo en el hombro señalando con presión, ni pensar en ponerlo.

Entender que con preocupaciones no se llegue a pensar, da por lo que preocuparse.

Ahora que rencor, enfado, frustración y decepción, de ninguna manera por molestar, inquirir o entenderse.

Todo me lo cargo a la chepa porque de nadie más es ésta espalda, la luz que no brilla ni atiende a candela que valga.

martes, 2 de junio de 2020

Locademia

De cabeza y sin anestesia, como me dirían desde la sala de estar, "desgalicháo".

Cuesta cada vez un poco más, se encuentra todo en el mismo lugar, y día tras día todo se aleja un poco de mi.

A veces se me olvida en que lugar se encuentra cada persona, y desearía que fuera así todo el día, que el peso de las consecuencias y el origen de todas ellas no estuviera en mis manos, es frustrante todo lo que puede ocurrir después de un mal parpadeo.

El pavor crece sin dejar prisioneros, en algunos momentos hace de pirata bueno y lo miro desde abajo con un ojo seco y el cielo entoldado, muy gris, no lloverá manteniendo la tensión por si acaso termina sucediendo.

El día que no me fui antes y que no esperaba nada del otro mundo (jueves para otros) se me presentó el primer minuto de lo que ahora ocurre.

Asesoría práctica y de confianza me procura una orientación contradictoria con hilos del mismo tono, quejas sin gritar en demasía, y firmes declaraciones por el bien general, no me recomiendan quedarme tomando el fresco en la ventana con los ojos aleláos.

Contradicción con hasta donde podemos llegar para darle algo, difícil, quedamos en algo más o menos cercano, y todo continúa estable como chapuza casera.

En nombre de la seriedad y del qué; he sido poco prudente, egoísta, pulsé todos los botones y con ninguno dejé de hervir, no pude parar con las carbonizadas ganas ni cuando lo pude parar, y lo volaban todo. 

No me llevo bien con el cuidado.

Ahora.

¿Ahora qué?