Se me escapó porque no sabia muy bien donde marchaba, porque con el paso del tiempo uno se acomoda, pero te vi, y pude volverte a ver, supe de ti, y ante eso no hay nada que discuta mi posición, como arrebato hubo una tercera vez, y mira, todo lo demás me dio igual, te presentabas y ya.
No hacía más que hablar contigo, con más personas pero menos distancia, al fin y al cabo corrígeme si lo ves necesario.
Y lo tienes que leer, ¿porqué? por que es posible que el hojaldre bañado en chocolate no sea suficiente, porque verte de verano en verano a lo mejor tampoco, porque lo notamos, la presión según para qué tampoco, nada como tener las cosas claras, porqué Eva pregunta porqué te hablo a ti, y después de todo lo que te he contado está claro que necesito un momento contigo, ¿lo buscamos?
De los ochos de una canción al estribillo del día a día, a la falta de gasolina para hacer frente a la falta de aire, sería curioso poder explicar a cualquiera que después de verte desnuda alguien lo pudiera entender.
Una vez que todo se quedó vacío, cómo hacer ver que también tu parte racional, radiante, mucho más mas que impresionante, llueve dentro de mi y afuera. En la calle, dentro de la seguridad escribo a mano la dirección de Raquel en un sobre, llegará y podrá ver lo que le envío, que fría la remesa, en pantalla funky, y en la mesa los restos de la que armé durante el proceso, se me cayó todo encima de la mesa.
A pesar de las berenjenas y el resto, de todo lo demás, verde se antoja el futuro y los rizos de hojaldre con chocolate del que tanto hablamos.
Llueve sobre la ventana, diluvia y me empapa el agua de cebada, aparca con mis indicaciones, no parece demasiado bien que indiquen, y eso que gusta aún mucho más.
"Menos mal que tu manos son pequeñas", y se quedó tan agusto.
El tamaño de sus senos nunca fue un problema, el tamaño de nada de lo que tenía nunca de nunca, ni en lo físico ni en lo afectivo/mental, traté de hacérselo ver, misión imposible, el tamaño de su territorio, y del freno de mano, llegó donde quiso que quisiera.
Miedo a que mis manos manchadas de pintura mancharan de cuello a tobillos, de pies a cabeza, en ello estaba en lo cierto, ese peligro era cierto y siempre hasta que se la llevó totalmente cubierta de pintura espantada.