Que rabia, menuda decepción que me he llevado esta tarde.
No tenía con que hacer, no podía seguir y bajo una silla encontré de casualidad la respuesta y la salida.
Volviendo a la decepción del primer párrafo, es tan simple como ese momento en el que sabes que eres bastante más distraído que hace un instante.
La rabia y el disgusto me llevaron a la cocina justo enfrente de la encimera. Mira, se me ocurrió que montar el tenderete con la salida y la respuesta podría estar bien. Me hizo sentir mejor pasando porque las dos son viejas conocidas.
Rebobino atrás un par de días en los que necesité ser claro y conciso.
No sobraba gesto ni respuesta y por los alrededores de Atocha entre los ladrillos y las miradas queda mi claridad, (desde luego que no mi precisión o brevedad).
¿Que hacemos ahora?
Me derramo porque no hay mucho más.
Mi respuesta la lleva a mirar escaparates, hormigón, a esa manera de atusarse el pelo que deja de hacer al menos hasta el día siguiente.
Por una vez en todo el día me siento bien y no es porque se marchara, es por lo que hizo antes de irse.
Al girarme, vi que no se dio la vuelta, por tanto enfrenté las escaleras, respiré mucho y fuerte.
Siempre estarán los kebaps el "qué tal" y la diferencia por las cosas.