Sin título ni importancia ya le daba a la tecla, limitado por mis dedos en un minúsculo teclado que no tiene remedio porque el alivio que tuve se quedó como cadáver en una noche de ira.
Se queda bonito el día, lloran los que tienen pena y sonríen otros a los que envidiamos labios y postura. Se ceba el calor con lo derretible, y el frío con el líquido congelable. Todo es susceptible de ser llamado al orden o dejar pasar por meandros y despistes... y no, no voy por las ramas, se quedan como letras negras todas las que afectan y dicen algo, que sirvan al menos como arcada con buen fin.
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