Me la quedé mirando con una cara de gilipollas que ya quisiera Jim Carrey
Yo que tenía el cerebro cuajado al ritmo de ardiente amor, la sangre en déficit de riego y proporción, mi último cigarro tan muerto como mi fé en el ser humano
Era tan inútil explicarle que la esquina la doblábamos 2, que me guardé las ganas de gritar, y tosí todos los pajarillos de Blancanieves
No sé como pero una de mis manos volvía a sujetar un vaso, y la otra casi sonreía al calor de otro cigarrillo
No sé si fué suerte, o al fín me hice entender, aquella esquina me guiñó un ojo algo más tarde, me marche impresionado, pero gratamente, impresionado
No hay comentarios:
Publicar un comentario