domingo, 4 de octubre de 2015

Esa cosa, esa esquina, esa noche

Me la quedé mirando con una cara de gilipollas que ya quisiera Jim Carrey
Yo que tenía el cerebro cuajado al ritmo de ardiente amor, la sangre en déficit de riego y proporción, mi último cigarro tan muerto como mi fé en el ser humano
Era tan inútil explicarle que la esquina la doblábamos 2, que me guardé las ganas de gritar, y tosí todos los pajarillos de Blancanieves
No sé como pero una de mis manos volvía a sujetar un vaso, y la otra casi sonreía al calor de otro cigarrillo
No sé si fué suerte, o al fín me hice entender, aquella esquina me guiñó un ojo algo más tarde, me marche impresionado, pero gratamente, impresionado

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