Tuvo el cuidado de contestar con educación, tarde y como si nada, despilfarrada pero absurda y bien, sin mucho a favor buscando una corriente de aire que atravesara las rotas velas,
con la mirada en la nada, joder que rabia.
La espectativa infantil, surrealista y poco madura me sorprendió dos años después, la rabia se convirtió en ilusión, y los pesados párpados se ven ahora buenos mozos hostiando el astigmatismo.
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