martes, 18 de agosto de 2020

Jardines e interiores

Era oscuro y ya bastante noche, ni un solo calle por el ruido, todo dejó de tener sentido. Esto último lo escribí al derecho porque dejaba en evidencia el propio maltrato a latigazos.

Después de ese punto no hubo razón para quejarse, nadie paseaba ni los escaparates brillaban o reflejaban chispas ingeniosas, se quedó el rebuscado y rugoso ladrillo esperando el sol y sombra del día siguiente.

Armé como pude, y me costó mucho más que bastante el desafío de una jornada completa, silencio, duda, y espera desesperada con respeto al respetable.

Al fin de cara con fideos solubles en el armario y gambas tiesas en el congelador, la casa llena de voces y frases para todos los gustos, no pudimos desperdiciar las servilletas por falta de papel, tampoco dejé de pensar en cuánto duraría aquello.

La almohada doblada me empujó al salón, y las cosas sobre la mesa de nuevo a la almohada, todo dejó de tener sentido. Esto último lo escribí como salió porque dejaba salir un soberbio e inesperado delirio.

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