Expectativa cero, una gran sonrisa y desde luego que apreturas horarias olvidadas, teníamos una batería de preguntas nada convencional y respuestas de ademases direcciones y propuestas en todos los sentidos.
Temática, índole y duración de todos los planetas, no se puede poner límite ni cortar el aire, aún más improbable será achicar las opiniones. Con la mente abierta la sencillez y la sinceridad no ofrecieron dudas a los pasos sobre cualquier baldosa, en cualquier dirección.
Se quedan cortas las calles y pequeños los asientos, las anchas avenidas se ofrecen si lo que prima (hace falta/se necesita) es mirar unos ojos parlantes y sinceros.
A veces faltan palabras, la luz quiere llevarnos o darnos algo y nos ubicamos lejos del último lugar donde pudimos mirar el borde de un vaso con algo de sentido.
Desafío los bordes de este cuarto con las cejas encarnadas y las uñas hundidas en profundos pliegues, por lo pronto el rencor no cicatriza, habría sido para dejarlo y reírnos un tiempo antes.
Retiré de la mesilla un soplo de resaca enroscada en mis oídos, todo lo que llevaba encima lo quería en otro cuello, con un gemido que nunca escuché ni ya podré sentir cerca, explicarlo es una tragedia.
La pelea fué tranquila y por una vez no medité durante un rato en ninguna de tus cosas, fué soberbio no tenerte rondando por la casa, que la cuerda se desgarrara y desaparecieras unos instantes.
Tanto escribir y añadir paja cuando lo que de verdad se agradece es un pedazo de papel en blanco para no volver a recordarte.
Por otro momento me senté de la misma manera tras pasar por el mismo sitio. La hora es la misma, no pasó nada y así será, tomaré nota y guardaré el cuaderno al marcar un último punto.
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