Si se trata de proporcionar consistencia y firmeza, mal vamos.
Cuanto más tarde se hacía peor, pasaban las horas sin recompensa y los momentos mudaban en guisado de pollo sin carne.
¿Puedes oír los pitidos de advertencia que te hace el coche para no comerte la columna?, casi lo mismo en mi cabeza por casi todo.
Es complicada una rutina satisfactoria, un día a día siempre compasivo.
Siguen funcionando las gracias de andar por casa, todos necesitamos una sonrisa, un abrazo y ese gesto que te da la vida. El momento da lo mismo, la seña y el guiño, no.
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