Tuvo casi siempre las de perder porque el microondas además de peso, potencia y un grill de ensueño, también se lleva la simpatía de toda la familia.
Hubo momentos de lucha a muerte y temió por su consistencia y funcionamiento. El pan de pita congelado y mojado fue una frivolité que desgraciadamente tuvo un más allá con el tiempo, una apuesta a perder; el pan con aceite, azúcar y sal.
Tras cortes de luz y plomos que no dejaban de saltar y pedir clemencia, la quemadora lanzallamas soltó su ultimo latigazo en forma de acojonante chorro eléctrico que compartió como último aliento conmigo.
Amigo, quedas en nuestro olfato, en los platos que te extrañarán, en rebanadas de pan llenas de aceite pero huérfanas de calor. Viniste para quedarte y como liquidación a tu marcha, otros habrá que con el tiempo revienten los plomos y nos hagan recordar a un pionero, un artista, a la verdadera tostadora.
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