En sentido contrario a la marcha daba la impresión de que pasaba por otro sitio, que me dirigía a otro lugar.
Las flechas apuntaban hacia mi, las dejaba atrás y aún así me seguían señalando.
En sentido contrario a la marcha daba la impresión de que pasaba por otro sitio, que me dirigía a otro lugar.
Las flechas apuntaban hacia mi, las dejaba atrás y aún así me seguían señalando.
Tuvo el cuidado de contestar con educación, tarde y como si nada, despilfarrada pero absurda y bien, sin mucho a favor buscando una corriente de aire que atravesara las rotas velas,
con la mirada en la nada, joder que rabia.
La espectativa infantil, surrealista y poco madura me sorprendió dos años después, la rabia se convirtió en ilusión, y los pesados párpados se ven ahora buenos mozos hostiando el astigmatismo.
Casi me trago en un semáforo a un ejecutivo, me lo quedo mirando a punto de preguntarle: "canalla, también estabas despistao con los Back Street Boys, eh"
Me dió pereza hacerle pasar vergüenza, tenía pinta de ir conspirando con la independencia del reino de Aragón, y al final es un tema complicado para darle explicaciones a un desconocido.
Tosía como si se fuera a morir, tras el segundo ataque la mujer que se sentó a su lado debió tener suficientes microbios para un viaje de menos de 10 minutos, se ganó la santidad cuando le ofreció un caramelo de menta.
El tosedor miro la mano y el caramelo, y cuando parecía que por fin se haría justicia en los autobuses de Madrid, la mujer se estornudó de lleno en la mano.
Todo esto no ha hecho más que reforzar mi fé en algo que está más allá de nuestra voluntad; el paracetamol.
Comenzó a subir por otra calle, a bajar por la opuesta, a comprar el pan en otro lugar, cruzaba miradas obligadas hacia otro sitio, esa no era vida para ella si se trataba de hacerlo todo al revés, si el sacrificio consistía en ser un tronco carcomido.
Comparar con lo más parecido no producía más que urticaria, reconocía con poco orgullo que rellenar el paso dado con una nueva suela al menos asustaba el aburrimiento... pero no lo ahuyentaba
Parecía transcurrir como cualquier momento antes, no exactamente como siempre, de manera que rompámonos el pecho, lo que puedan llegar a pensar dá lo mismo, si te digo la verdad hay confianza con los conocidos y los otros deseando están por ponerse en mi lugar.
Rosemary apuntó el fusil con los ojos cerrados, y por familiaridad a su causa hice lo propio, me tocó el perrito piloto, el público asistente pedía más, y siempre a ciegas, anda, dame un beso, y se carcajeó, pero mucho.... y además de mi.