Durante todo aquello no pude mirar hacia otro lado, y si a alguien se le ocurre preguntar porque no vieron sus ojos; eran grandes y expresivos, alegres, comprensivos.
Que bonito mirarnos, que bueno amarnos y los entretiempos: con platos, vasos y vajillas de aquella manera, eso daba igual, era y siempre dará lo mismo.
Los momentos de tal y cual. Los que llevaban más cual que tal; y sobre todo los que eran más de cual.
Me los como, me los quedo y no se marchan atados a mis dedos.
Cómo habla!, cómo canta!. Que ojos, que maneras.
No son las suyas.
Son las tuyas.
Son los tuyos, tu voz y pasos que nos dejan huella chiquilla, que continúan con nosotros.
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