Arde, quema, pide que me aparte de cualquier contacto o proximidad a alguna cosa.
Frío, congela, duele cada vez y está en cada rabioso rayo candente de sol.
No sé de veras cuantos azulejos tiene cada pared, no doy a basto en acertar cada cosa que se necesita saber; no creo que consiga acercarme a lo que necesitas saber.
Se presenta la siguiente reflexión: "está bien decorar un poco las cosas a veces... pero también viene bien para el cuerpo llamar a las cosas por su nombre...".
Pues muy bien, como soy bastante de llevar la contraria, me quedo analizando todo en mi color, con mi forma y soltando resultados que son propios y no quieren formar disputa, sólo devolver lo que entra de cualquier manera.
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