Mucho, pero mucho que me costó remontar para nada.
Subir cuestas empinadas y no hacer caso a su melena rizada.
Bajar pendientes y con ventaja no aprovechar ni enarbolar que dejaba atrás tantas discusiones conmigo mismo en la cocina.
A veces mirar a esa parte de la mesa que tiene lo que quieres es nada más que satisfacción. ¿Y si miras y esa parte está vacía?
Como pregunta de mierda daremos respuesta igualmente en forma de boñiga: si en esa esquina de la mesa no hay nada que me guste... depende de la hora, que quieres que te diga.
Me quedo a veces con su amor, con su dejadez. Con la botella a veces llena, con momento venidero malo, malo.
Otro segundo, el siguiente no me valdrá ni para mandarlo bien, pero que bien lejos. Sí, así voy yo con eso.
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