Que claro estaba todo hasta que pasó por el torno, coño, por un par de segundos no fui capaz de escuchar absolutamente nada, y de camino a la escalera mecánica que bajaba en ese momento a no sé donde (ni puta idea señorías), recuperé poco a poco la gravedad sobre los pies y la miré a los ojos, dice que habla muy rápido, así que es posible que entonces la estuviera mirando a la boca.
Al tiempo que compruebo si las palabras que escribo llevan tilde o no, me quedo vacío y me da mucha lástima no poder contarle que anoche la chica del torno me apoyaba las piernas de camino a Avenida de América, seguro que lo que a mi me hace feliz, a el le habría hecho sonreir.
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