En ocasiones se dan las cosas por hechas o pensadas, eso nunca funciona, ni siquiera cuando todo depende de uno solo, para otras gestiones es importante no dejar florecer los dedos en los bolsillos, si terminan cogiendo la forma de la costura tenemos un problema serio, las manos fuera, a ser posible con las mías.
-No te cansas nunca?,
cómo?
-qué si qué?
y lo repite.... yo, claro, me parto de la risa aunque no se entienda.
Parece que de algunas cosas nunca tengo suficiente, ahora toca dejar de enseñar los dientes, guardar la impaciencia y explicar el porqué, antes de poder darme cuenta vuelvo a sonreír con todos los dientes fuera.
Recibí todos los estímulos que cualquiera hubiera querido tener, lumínicos, cerebrales, etílicos, masculinos y femeninos, en algunos casos por parte de más de una persona, los que me interesan hablan rápido y bailan salsa en el portal.
Sólo por dar lo que debería, me acerqué a enterarme de algo, y así como en la tercera ocasión, me miró rabiosamente a los ojos, y como si nada, se llevó la ojeada hacia el pelo de Susi, a los ojos fotovoltáicos, a eso que no me sale como decir, a la misma copa, porque pidió lo mismo y me sacó brillo con muy poca luz frente a un vaso, y sereno; eso no lo recuerdo.
Llega uno a estas cosas pasado de vueltas y con las manos llenas, claro, terminas por abandonar el lugar y cruzando el marco de la puerta, no tienes porqué relajar los párpados y las cejas, ya salían de aquella manera, con esa distancia tan rara que dejas estar y no terminas de saber como arrimar.
Vuelves a la luz, sensato y chulo, porque cuando estás como quieres, nadie te tose, claro que si te llaman la atención para evitar los pasillos estrechos y buscar algo mejor en ese mundo tan familiar del autobús, de los asideros, atiendes la llamada y te cuelgas de su cintura.
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