Lo digo así para que parezca que lo hice queriendo, por propia voluntad, mucho mejor que si todo lo hubieran empujado las circunstancias.
Tras un instante me vacié.
Sucede de repente y no he reparado en semanas anteriores, en días morados y noches en blanco, muy interpretable como suceso repentino, fulminante a inesperado.
Vaya, que no me queda nada.
Y justo ahora con el vértigo en el pecho y la falta de sostén, viga y pilar. Parecido a la espera en la mesa del bar donde me desesperé escribiendo y tratando de no pasar calor para estar presentable, ahora mismo la perspectiva del calor que compartimos un rato después se queda frío.
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