miércoles, 27 de mayo de 2020

El 26 de mayo

Vino un cambio de fase, el momento, justo.

Hacía un calor que me llevaba atontáo, ni bajo la sombra de las columnas encontré consuelo o una temperatura más baja, y no venía.

Cambio, aunque lo más apropiado sería verlo como un reboot, una segunda parte, volver otra vez a tenerlo todo.

Llegó con sus pantalones como si nada, todas las dudas y preguntas que me hice los últimos meses, los últimos diez minutos, se quedaron allí mismo al arrancar hacia no me acuerdo donde.

"Pues es que ahora te noto mejor que hace unas semanas", no me burlo de sus palabras, sólo me parece curioso que no repare en el porqué de mi desahogo y holgura cuando camino a su lado.

Vimos pasar a Flipy, a unos niños que enloquecidos reventaron sus pulmones corriendo mientras se gritaban ¡pára!/¡no puedo!.

Se colgó de la rama de un árbol enorme mientras en ese mismo instante un deportista corredor peinó el flequillo con las hojas de esa misma rama, es increíble lo que limita llevar la cara tapada. 

Con tanto estímulo visual repentino, aproveché para sacarle la camiseta del pantalón y desatarle los cordones de las zapatillas, siempre de manera muy gentil y ante la patrulla de la policía nacional.

Tratamos la mesura en mis manos, la presión de mis dedos, no sé si por impaciencia, necesidad o porque en ese momento tuve un brote de amnesia espontánea, me suena que fué lo último. 

Conseguimos finalizar unas cuatro conversaciones sin interrumpirnos, el resto hasta la parada del 27 se fueron quedando en cada giro de cuello y detrás de sus gafas de sol, que son muy buenas y efectivas para el modo en el que quiere enfrentar su forma de taparse los ojos. 

Le dolía un pié y tiene previsto ir a ver al huesista, por la manera en la que sonrió no creo que necesite psicólogo, está bien así, que siga viniendo a verme.

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