La última vez no fue la del remate, y en lo que algunos días después conseguía una buena ensalada de pastel de carne murciano con sesos, ahora sólo hay bombillas fundidas, dejó de ser divertida la eterna espera y la persecución con el depósito lleno.
Mi tiempo junto a su puedes entrar por el quicio no me dicta palabras posibles para frases increíbles, y no por buenas, si no por lo difícil de escribir primero y creer después.
Son mucho más de verdad todas la veces en las que miro al suelo sin consuelo con todo borroso y arranco a andar como si no conociera el camino, es de risa esto último, sé perfectamente donde finaliza la calzada y veo cada uno de los desvíos.
Tomo aire y piso el piso, inhumano y severo como nunca lo había notado, escogería no marcar cada uno de los pasos a partir de este chasco en el barro de mi diario.... claro, y para ello lo escribo.
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