Creo recordar un par de días sin mover un dedo para contar nada, y la envidia cochina por las corrientes continuas de letra y texto que leo y me pasman.
Vale dejar las cosas reposar cuando no se me ocurre nada, y de ahí a veces han salido ideas aún mejores, nunca se sabe.
Pues no señora, traté de girar la situación, y tomé prestado uno que di ayer caminando.
Le andaba leyendo un cartel en la fachada de un edificio, me aseguré de acercar la cadera para notar que la suya seguía a mi izquierda.
Ayer en el intercambiador de autobuses se puso las gafas de sol...me quedé mirando las lentes tan negras y por un momento pensé: "...tranquilo, está debajo de todo eso...", luego en la Plaza empedrada, se sentó, y se quitó todo (del rostro), sacudió la cabeza y el pelo recogido quedó justo donde pretendía, eso fué lo que me pareció entender por la forma en la que bajó el mentón.
Sacó una sonrisa que así no hubo sombra hasta la comisaría, ni palabra que yo pudiera desabotonar.
Se congelaron momentos que para ella pasan completamente desapercibidos, que increíble; increíble, estoy completamente de acuerdo.
Se me escapaba por un pasillo del metro, pero bueno, ¡que se va! y tratando de evitarlo me la llevé en dirección contraria, malditas despedidas siempre a contrapié.
Que suave su cuello, lo había olvidado, miró a la gente que pasaba por algún sitio tras mi espalda, me apercibí de ello antes de quedarme indeciso, la duda fué tan irracional que no hay tinta o tecla o vuelta que dar.
Desde el vagón del andén en la dirección opuesta hice una fotografía tan borrosa que parece que sólo tiene pies, recuerdo las veces que me levanté a comérmela a besos.... ahora toca memoria irracional.
A todo esto Amazonia no tiene imaginación para ayudarme, y desde la tercera estrofa todo tiene que ver con lo que me propuso: "Porque bien podría haber sido la otra parte que has escrito".
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