Al tratar de cerrar la puerta y poner un primer paso fuera de casa, vienen cantidades increíbles de estímulos, pensamientos, manías y tonterías que nunca creí que pudiera llegar a procesar entre el portazo y el tintineo de las llaves cayendo en el bolsillo con cremallera de mi bolsa.
Dentro de la bolsa, el cuaderno, más que arrugado, acostumbrado al maltrato y a la tinta.
Menos arrugado, el estómago, algo menos desde que pasó a mirarlo todo desde la cornisa más alta a la que pudo subir, no se alisa, pero se acojona con el vértigo.
No entiendo cómo esto te pasa a ti, no se cómo has llegado a mirarte en esa luna tan rasa para arreglarte el pelo, es difícil valorar como funcionan las cosas cuando en todo momento cualquiera va y se frota las manos.
La palabra problema es algo relativo, sólo ver lleno el indicador de tinta de mi rotulador, se convierte en solución.
No tenía mucho donde elegir, todo eran garabatos y listas de la compra, ah si, también encontré una guía de proceso inconsciente de escritura que me hizo Lorraine, a fuerza de mirar y leer, salió algo que escribir, gracias por dejarte llevar en una mesa mojada (los posavasos los aparté de muy mala manera para tener sitio).
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