viernes, 25 de septiembre de 2020

Aunque la circunstancia se matiza

Entre farola y farola, también por los huecos de las ramas y a través de las hojas, sopla la falta de tiempo y cae el sol, la prisa, las suelas. El ajetreo diario no se lo lleva más rápido, y el humo aunque raudo, nada que ver con el agarre y la memoria, el tiempo veloz y todo tan despacio.

Aplausos y niños con pantalones cortos, seguridad bajo las ramas y el brillo del sol, varios mecheros en la bolsa por si acaso, y ninguna intención de encender cualquiera de ellos. Azul en blanco, y blanco reluciente en azul celeste, por mirarlo y seguir con el cuello torcido nada cambia, azul y blanco.

Paladar y algo de calor para sacar brillo al adoquín en el que tropecé, verde como los ojos del muchacho, del vestido, de verla un par de semáforos más allá al final de la espera, ésta última nublada y la anterior acabada, ni más ni menos que colofón desparramado a lo largo de mi deseo.

Aunque lo leyó más de tres veces para no conseguir entenderlo, por días y meses sentí lo mismo, fregando los restos sin guantes se resquebrajaron las arrugas de mis dedos, fuera tensión en las manos, en las cejas, quedan vacíos los días y se llenan los aljibes de agua fría, con temor, si, todo pasa.

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